Postales de la Historia de Chile 1988-2012

Diciembre 2013, Galería Sala de Carga, Plaza Italia. Santiago de Chile.
 

IMG_5478La obra es la muestra de un intercambio epistolar privado.10 postales con hechos de la historia oficial reciente de Chile fueron enviadas mediante correo tradicional a 10 personas diferentes, de distintas ocupaciones y oficios, a quienes se les pidió una carta de respuesta, enviada por la misma vía, que incluyera un texto y una imagen mediante las cuales realizaran una reflexión personal en torno al hecho de la postal recibida. En la obra se incluyen copias de las postales, sobres, cartas e imágenes recibidas en cada una de las respuestas.Es el primer ensayo a un trabajo mayor que busca recorrer la historia chilena contemporánea a través de esta estrategia de intercambio. En esta primera parte, correspondiente a hechos ocurridos entre los años 1988 y 2012, participaron Macarena Abarca, Rosario Carmona, Inés Molina, Elisa Muñoz, Juan René Maureira, Víctor Quezada, Camila Bralic, Cynthia Shuffer, Constanza Aliaga y María Elena Gutiérrez.

La conformación de una nación requiere de la ilusión de una Historia común. Pero la conformación de ésta se hace desde el poder y los medios de comunicación, que fijan hechos públicos a través de imágenes detenidas, inmóviles. En este trabajo se busca contrarrestar esta Historia Oficial de hitos con la experiencia personal, la historia privada y la construcción alternativa que dichas recepciones forman en paralelo, como un relato poderoso, continuo y en movimiento. Es, por tanto, una defensa simbólica de la lectura de “la historia a contrapelo”, la tesis de Walter Benjamin que se rebela ante la idea de que la historia esté escrita por los vencedores.

Paula Arrieta: Nuestro arte tiene una deuda en rebelarse contra las estructuras que resultan opresoras

Entrevista en Sala de carga, a propósito de «Postales de la Historia de Chile 1988-2012»
Ver original aquí 

La historia en primera persona, los hitos del mañana, preguntar qué te importa y conmueve, escribir y con ello re-escribir tradiciones, costumbres tan simples como hablarse a partir de un texto y una imagen, de una postal. Construir la memoria colectiva a partir del diálogo en un estado-nación, que su aparato ideológico ha construido a martillazos de estatua y de currículos escolares, de marchas marciales y nombres de plazas. Paula Arrieta (1982) abordó esta posibilidad de construcción colectiva de la nación en “Postales de la Historia de Chile. 1988 – 2012”, obra que exhibe en la muestra Límite y Territorio – Nación, en plena Plaza Italia de Santiago, como parte de la última exposición de galería Sala de Carga en su itinerancia 2013. Sobre este intercambio epistolar, sobre el trabajo detrás de su obra y el arte en Chile conversamos con Paula, que acá compartimos con ustedes.

– En Sala de Carga presentas «Postales de la Historia de Chile. 1988-2012», una obra realizada con la colaboración de 10 personas que reflexionan sobre hechos de la historia oficial reciente de Chile, que han sido seleccionados por ti. ¿Nos podrías comentar cuál hechos seleccionaste y por qué?

Al tratarse de un primer acercamiento a un proyecto más grande, que busca recorrer un período amplio de la historia reciente, decidí seleccionar hechos que yo hubiera vivido. Esto porque tenía la idea de que un acercamiento personal a esos hechos le darían un carácter más íntimo al ejercicio, y podría enviar las postales partiendo con mi propio relato. Por esa razón también escogí a personas muy cercanas a mí, para que esta reconstrucción alternativa de la historia incluyera la apertura de lo privado, de la historia en primera persona. Los hechos escogidos también tenían una intención crítica frente a los hitos que han construido los años posteriores a la dictadura y las dificultades que ha tenido la democracia para abrirse lugar en Chile. Fue importante también en la elección la imagen que los fijaba como hito. Escogí el voto del plebiscito de 1988; el acto que celebraba la llegada de Patricio Aylwin a la presidencia de Chile en 1990; la entrega del Informe Rettig en 1991; la fuga en helicóptero de los frentistas de la Cárcel de Alta Seguridad en 1996; las manifestaciones en Londres tras la detención de Pinochet en 1998; la firma de Ricardo Lagos sobre lo que recibió el nombre de la Constitución Política de 2005; la muerte de Pinochet el 2006; la firma del proyecto de ley que creaba el Ministerio de Asuntos Indígenas en 2009, durante el gobierno de Michelle Bachelet; el acto de inauguración de la Bandera del Bicentenario en 2010; y las marchas estudiantiles del 2011.

– ¿Por qué decides realizar una obra colaborativa, en la que se incluyen miradas, reflexiones, pensamientos de otros y otras? Siguiendo en esto, ¿con quiénes decides trabajar y por qué?

Vengo trabajando hace un tiempo de esa manera. Tiene que ver con una convicción política de que la única forma de construir es colectiva. Y eso se aplica a la historia, a la organización social y al arte. Me interesa que lo personal se convierta en una herramienta para la acción pública y eso, desde mi punto de vista, es muy difícil de concretar con un gesto individual. Como dije antes, se trata de personas con las que tengo una cercanía, amigos, familia con quienes de alguna manera compartí estos momentos. Es interesante la potencia que adquiere una obra cuando es una invitación a participarme parece que es una deuda del arte, que está tan acostumbrado a reproducirse sobre sí mismo y con la misma gente.

– En este último sentido, cuál es tu mirada sobre el arte contemporáneo y en específico sobre el arte chileno contemporáneo.

Me parece que en términos generales hay una autocomplacencia que más que peligrosa vuelve al arte una actividad completamente inocua. Y creo que el arte puede ser una herramienta muy poderosa para la acción política y la transformación social. Digo en término generales porque he visto varios ejemplos de lo contrario, pero aún son muy marginales. De todas formas creo que no es algo propio del arte contemporáneo, ni de Chile. Pero creo que nuestro arte tiene una deuda en rebelarse contra las estructuras que resultan opresoras o violentas. Me gustaría ver más colectivos, más arte fuera de los lugares que nos han cedido con una muy dudosa generosidad, un desborde que nos vuelva más críticos y más comprometidos.

– En tu trabajo hay un marcado interés por lo político, el año pasado expusiste en Sala de Carga una obra sobre José Huenante y este año sobre la reconstrucción de una idea de nación desde los habitantes. Emplazada en estos espacios, cómo entiendes y ejerces el trabajo como artista.

Para mí el trabajo del artista, como cualquier trabajo, puede convertirse en un lugar de resistencia, una forma de militancia. Como además se trata de un oficio que goza de una libertad mayor que muchos de los otros oficios, es casi imperdonable no utilizarlo para el ejercicio crítico. Hace algunos años llevamos adelante una revista sobre asuntos políticos y sociales en la que hemos buscado construir una instancia inclusiva de discusión, y creo que ese trabajo se parece mucho al que realizo como artista. Finalmente se trata de promover el lazo social, la empatía con otro, el contacto entre las personas y la posibilidad de salir a disputar espacios.

– Por último, la pregunta que hacemos a quienes han sido parte de nuestro galería, ¿por qué te interesó ser parte de una muestra en Sala de Carga?

Creo que en la línea de lo que venimos conversando, de desbordar los espacios y sacar el arte de sí mismo, la propuesta de Sala de Carga tiene un potencial enorme. Seguramente los trabajos que ahí se han exhibido han tenido más público y más diverso que cualquier otra galería actual. Hay una evidente vocación por lo público que abre un camino para pensar el trabajo simbólico como un gesto activo, incómodo. Además las líneas curatoriales han sabido leer muy bien el momento social. Sería muy interesante ver la galería en todo Chile no sólo con exhibiciones sino también con talleres, conversatorios, trabajo multidisciplinario. Si el proyecto ya logró abrir una salida al arte, el siguiente paso perfectamente podría ser abrir un lugar de discusión política de mayor amplitud.